Casicuentos


Un chele, un cliclet

Cuando el ser humano decide creer, definitivamente cree, aunque tenga que imaginar al objeto de su creencia.

Era mediados de los años ´70 del siglo pasado, en la zona rural de un apacible pueblito del Este dominicano, rodeado de verdes montañas y exuberante vegetación.

En su correteo cotidiano, Melissa observa el brillo inconfundible de una moneda de un centavo que recoge con avidez, a pesar de saber que tendrá que justificar muy ampliamente el hallazgo ante su estricta madre.

Supera este escollo cuando muestra el lugar exacto donde reposaba el centavo y refuerza su explicación con la tierra adherida a una cara de la moneda. Entonces invita a José, que muy cómodo en su absoluta desnudez persigue a un gato para amarrarle una hoja seca en el rabo y lo convence con la promesa de compartir el botín.

- “José, ve a la bodega y cómprame un chicle, que yo tengo un chele y te voy a dar la mitá

Debió despertar su sospecha la rápida disposición de José para cruzar el trecho sembrado de yerba donde pastaban algunas vacas y el imponente toro “Matafeo”, hasta llegar a la bodega de Ma Pembá, único lugar en el triste campito donde se vendían algunos productos alimenticios y golosinas.

Desde su marcha, Melissa atisba incesantemente desde la orilla del patio esperando el regreso de José, que ajeno a todo vestigio de vergüenza y con una increíble dignidad, se pasea de regreso, totalmente sin ropa, con sus cinco años a cuestas.

Mientras Melissa mira, un frío recorre su espalda cuando su hermana, que también espera compartir la goma de mascar, le dice:

- “José viene macando”.

¡Horror, es cierto!, mientras balancea los brazos rítmicamente, su cara se ve moviéndose, lo que inequívocamente significa que está masticando algo…

-         Si, pero trae el puño cerrado”, afirma Melissa, tratando de convencerse a si misma, más que a su hermana, la que responde rápidamente,

-         “Claro que no, mírale la mano abierta

Ya es innegable, José viene masticando, sin nada en las manos, cuando en un último vestigio de iluminación, Melissa encuentra la respuesta:

- “Claro Mercy, es que lo trae en el bolsillo!”

(Santo Domingo, febrero de 2016)













¡Ay! ¿Y mi gorra?

Había una vez, un hombre que nunca estaba feliz.
Un día, no encontró su gorra y se puso muy furioso y  un rato despues estaba mal.

Y todos sus vecinos  y  familiares fueron a visitarlo, a pesar de que él les decía que no quería visitas, pero finalmente, entendió que ellos no eran malhumorados como él y que querían ayudarle a encontrar su gorra.

Todos lo ayudaron a buscar su gorra hasta que la encontró. Y en ese instante se mejoró, fue feliz siempre.

Moraleja: Debes ser persona de bien si quieres ser feliz.

Ninoska Maité
8 años

5 comentarios:

  1. Jeje, después leeremos de ella en los medios con el titulo, La famosa Escritora Maite jejejeje

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  2. Mi niña desde pequeña dice que será doctora y pintora, la pintura la empeso temprano usando la paredes de la casa como liezo, ahora debuta como escritora. vamos a ver si la dejan viver del cuento.

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  3. ¡Qué bella!
    jajaja no sabía que la Maité era escritora, esto es nuevo, me gustó eso está muy bien...
    Voy a ver si aplico su moraleja, si me dejan los apellidos, claro está, gracias por compartir tía.


    Ra Febles

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  4. Muy bien se nota que esa niña es familia mia, sige asi y llegaras lejos.
    El que se lleva de consejo muere de viejo


    Alexis Febles.

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  5. La vida da tantos giros, como giros da la vida, en la república dominicana se puede vivir del cuento, solo hay que saberlo hacer. a todo lo que se haga siempre hay que ponerle su sello de distinción, ahhh, febles jeejejejej

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